23/02/2026
Protector solar: el paso que más se subestima (y el que más cambia tu piel)
Aquí va la guía clara (sin dramas) para entender por qué el protector solar marca tanta diferencia y cómo usarlo bien.
Por qué el SPF es el paso más importante de tu rutina
El sol no solo “broncea”. La radiación UV y parte de la luz visible influyen directamente en:
Manchas y melasma: muchas hiperpigmentaciones empeoran con la exposición diaria acumulada.
Marcas post-acné: las marcas se oscurecen y tardan más en irse si no proteges la piel.
Arrugas, flacidez y textura: el fotoenvejecimiento es uno de los factores que más envejece la piel a largo plazo.
Resultados de tratamientos: peelings, láseres o despigmentantes necesitan protección para que el resultado sea más estable y seguro.
En resumen: sin SPF, tu piel trabaja en contra de lo que intentas mejorar.
Los errores más comunes (y cómo arreglarlos)
1) “Me pongo un poquito”
El protector solar funciona cuando se aplica en cantidad suficiente. Si te quedas corto, la protección real cae muchísimo.
Solución práctica: usa una cantidad generosa. Si no sabes cuánto, abajo te dejo una regla fácil.
2) “Solo lo uso cuando hace sol”
La exposición que más cuenta no es la de un día de playa, es la de todos los días: caminar, conducir, terrazas, ventana cerca, recados.
Solución: SPF como hábito diario, igual que lavarte la cara.
3) “Lo uso, pero no lo reaplico”
Si estás al aire libre, sudas, te tocas la cara o pasan horas, la protección baja.
Solución: reaplica cuando toque (también te lo dejo explicado).
4) “Compré uno y lo abandoné”
Esto es más común de lo que parece: textura pesada, brillos, sensación pegajosa, o te saca granitos. Y entonces lo dejas.
Solución: el mejor SPF no es el más caro: es el que puedes usar cada día.
Cómo elegir un protector solar que encaje contigo
No existe “el mejor” para todo el mundo. Existe el mejor para tu piel.
Piel grasa o con tendencia acneica: busca texturas gel/fluido, oil-free, no comedogénico y acabado ligero.
Piel seca o tirante: mejor crema con ingredientes hidratantes.
Manchas o melasma: SPF alto y, si es posible, con color, porque puede ayudar frente a parte de la luz visible.
Piel sensible o reactiva: fórmulas simples y bien toleradas (si un SPF te irrita, hay alternativas).
Si tienes dudas, lo ideal es elegirlo según tu objetivo: no es lo mismo “controlar brillo” que “tratar manchas”.
Cantidad y reaplicación: la parte que nadie hace bien (hasta que la entiende)
Cantidad
Una regla fácil para no fallar:
Cara y cuello: la regla de los “dos dedos” (una línea en el dedo índice y otra en el medio).
Si te parece mucho, prueba a aplicarlo en dos capas finas: se siente más cómodo.
Reaplicación
Si estás al aire libre, lo ideal es reaplicar cada 2–3 horas.
Si estás en interior, pero con mucha luz/ventanas o sales y entras, igualmente conviene mantener el hábito.
“Vale, ¿y cuál me compro?”
La respuesta rápida: el que te pongas todos los días sin sufrirlo.
Si quieres, en consulta podemos recomendarte opciones según tu piel (grasa, sensible, con manchas, post-acné) y tu rutina actual, para que no compres por ensayo y error.
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